Noche y sueños de un árbol ambulante

Poseía un barco,
el "Tempestades de Morfeo".
En él cada sueño era un tripulante
Que no se atrevía a olvidar,
Por la misma razón que a veces no
Se quiere recordar.
I
Corazones de hueso
Maltratan con silencio
¡pobre virtud de los cobares!
Porqué negar que lloran
En los balcones, jóvenes expectantes,
El tiempo se les pasa en noches angustiosas.
Y siempre la Soledad tejiendo a un lado,
Ella los guía a las carabelas,
La mirada cansina
La sonrisa esquinera.
Existen! No podemos seguir negándolo.
En las confieras del sueño que hiere
Jugosa entre las
Coníferas de mis sueños
Abiertos
Con la sonrisa suicida.
Yo opto por cerrar más
lento los
ojos
No puedo borrar las lágrimas
de tus muñecas...
Por favor cierra los ojos
Para mi -lento-
El sueño que hiere
La tendencia tuya a enloquecerme
Bajo la cobija gris de la noche
Cubierta me tiene
En el día de soledad.
No me llames si no me quieres
No me sientas si solo hieres
Con tu palpitar ajeno
Mi voluntad de lejana oropéndola.
Juegas tan fácil con la mirada,
Abres y cierras los ojos sin pensarlo siquiera...
¿para mi?
Azul suicida
Me haces llorar astillas
con la visión azul
Enfurecida, demente y romántica.
¡Pero si yo no tengo nada tuyo!
En el suelo puedo ver las escamas
Que para tenerme has tenido que quitarte.
Procedes, como todo aquí,
de donde no puedo ignorar las sombras.
No te acerques que me arde tu tacto
Mas no te alejes, necesito tu encanto.
Hacia las carabelas
La vieja cansina los guía lentamente a las carabelas...
de los sueños truncados,
con rumbo al olvido.
Les regala el polvo, los cubre de atardecer para siempre.
Les canta canciones de las juventudes
Que nunca lo fueron en verdad.
Los lleva a otras lejanas latitudes
Donde nunca fueron realidad.
Van los muertos, los amigos,
los amores, los testigos.
En las carabelas no hay destino,
Lo importante es que se marchen.
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